SABIDURIA

Comentario sobre la canción “SABIDURIA”

En el marco del Mayo de las Letras de Tucuman 2017, se desarrollo el programa “Musica y Letra” por el cual distintos artistas analizaban letras de canciones de autores tucumanos.

Esto escribio una gran amiga y compañera de la cancion, ademas de poeta, licenciada en Letras, becaria del Conicet y otros lauros:

“Cuando me acercaron esta propuesta me puse muy contenta y también me asusté un poco: porque nunca antes había hecho algo así. O, más bien, lo hago todo el tiempo, pero nunca se lo cuento a nadie: siempre que escucho canciones, sobre todo en vivo, pienso en la letra. “¿Qué habrá querido decir en este verso?” “¿Será lo mismo que yo pienso cuando la escucho?”. Me resulta inevitable ponerme a destripar las canciones (desnudarlas quizá quede más lindo) buscando lugares conocidos, versos que me lleven a otros versos o que me devuelvan a algún momento de mi vida. Supongo que eso nos pasa un poco a todos.

La canción que elegí comentar hoy aquí me gusta desde la primera vez que la oí. Quiero aclarar que esta elección nada tiene que ver con el hecho de que su autor sea un compañero y amigo cantautor. O sí, pero de otra manera: decidí hablar de una canción que me conmueve, que me dice cosas, que habla de lo que conozco. Mi parte cantautora tiene mucho que ver en esto: al ser yo también hacedora de canciones, las que me gustan suelen ir a amontonarse en una lista con el título ‘Canciones que me hubiera gustado escribir a mí’. Lo que quiero decir es que si el Indio Cansinos y yo compartimos la música es porque probablemente y para empezar, tenemos criterios estéticos parecidos, compositores admirados en común y, tal vez (creo que nunca hemos hablado de eso) un gusto similar en literatura.

 

De la primera vez que escuché “Sabiduría”, que es como decir de la primera ‘lectura’ (entre comillas) que tuve de su poesía, me quedó esa imagen, esa escena, que aparece casi al comienzo, del tipo que espera en la parada del 18 a la una de la mañana con unos cuantos perros de la calle haciéndole compañía. No lo dice, pero yo me lo imaginaba, además, con una guitarra al hombro. Creo que es una imagen que contiene a muchas otras que van apareciendo a lo largo de la canción, y que pinta al que escribe y canta, a este ‘corista’ solo con la luna esperando el colectivo, y lo ubica también en un lugar, que es la calle, que es algún barrio de por acá.

Ese primer pantallazo marca, creo yo, la tónica (en el sentido no musical del término) de la canción. Se trata de una poesía muy urbana que no aspira a lo solemne sino a lo mundano, y que apuesta a esa belleza. El yo lírico, que aquí es el cantautor, se me figura parecido a los personajes del Barrio de Flores, de Alejandro Dolina: esos tipos comunes, hombres sensibles, artistas, que pierden y ganan, y hablan en las mesas de los bares sobre las cuestiones últimas como el amor, la vida, la muerte, el destino. Es un personaje esperanzado, que cree que las guerras existen, pero también los milagros , que el amor existe pero no es ese que nos venden ‘codificado con barras de supermercado’; y es un personaje curioso, inquieto, que hace recuento de lo que sabe y de lo que quisiera saber. Aquí la sabiduría no es la de los libros sino la que se aprende en el camino, en la calle, la que se vive por dentro. Conocer es conocerse, pararse en alguna vereda desde donde mirar al mundo y cantarlo. Lo que falta por saber, el estribillo, tampoco tiene que ver con saberes enciclopédicos que puedan cambiar el rumbo del mundo, sino con el amor, motor de todas las cosas: cuánto se puede querer, qué significa de verdad el amor, cuánto dura,y si viene para quedarse. “Pero me falta saber de sobra el sabor de tus labios. Me falta saber Si somos la sombra que sobrevuela el amanecer. Me falta saber Si seremos siempre eso que sólo se vive una vez.”

La primera estrofa de la segunda parte nos traslada en espacio y en tiempo: nos vamos lejos de esa alguna calle de algún barrio de Tucumán, y de la época de los portales y los perfiles de internet, hacia otra parte. “Sé que hubo un poeta en el Yuro/Que renunció a los laureles/Para meterse en un brete/Para enfrentar los cuarteles/ Y resistió a la tortura/ Sobreviviendo con creces/ Y nos legó una lección del amor”. Estamos en Bolivia, en la quebrada donde en octubre del año 1967 es herido de muerte Ernesto Guevara, el Che. Y con esto entramos también en el imaginario clásico de la canción de la Nueva Trova Cubana. Para hacer una breve reseña de este movimiento, hay que decir que surge en la isla en los años 60 de la mano de jóvenes músicos como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú o Noel Nicola. Al respecto, cuenta Silvio, en una entrevista reciente: “Nosotros éramos herederos de una trova que había en Cuba desde mediados del siglo XIX. Y había tenido diversas etapas esa trova. La nueva trova no es más que los muchachos de mi generación que les toca agarrar la guitarra en pleno proceso revolucionario. Nosotros nos caracterizamos por, de cierta forma, seguir los pasos de los anteriores pero también con algún sentido de ruptura. Sobre todo en el sentido de la palabra, empezamos a usar más palabras que las que solía tener el léxico de las canciones que se conocían y esto yo pienso que es por vínculos que tuvimos yo y otros compañeros con gente de la literatura.” Todo esto, en el marco del triunfo de la revolución con una importante campaña de alfabetización y una política cultural muy fuerte, con referentes como Alejo Carpentier, como director de la flamante Editora Nacional de Cuba. Para estos nuevos trovadores, entonces, la poesía era inseparable de la música, y ambas de la vida política de aquellos tiempos inquietos. En sus letras el amor se mezcla con la revolución o es que son, en realidad, uno y lo mismo. Sobran ejemplos, pero vayamos a uno de los más cantados, esos versos que decían: “Te doy una canción y digo ‘Patria’ y sigo hablando para ti”.

Mucho tiempo ha pasado desde que la Nueva Trova fuera nueva, pero ha dejado sus herederos en distintos países de habla hispana. En Argentina, la canción de autor tomó formas muy diversas y echó mano a géneros muy variados como el rock, el tango, o el folclore, pero también a los de estos músicos cubanos. Por eso es que resulta tan difícil definir musicalmente qué tipo de canciones hace un cantautor, y termina siendo más sencillo, para no enredarse en definiciones laxas, nombrar una serie de músicos que hacen canciones, entre comillas, ‘de la misma onda’. Tucumán no es la excepción: los cantautores andan sueltos con composiciones que abrevan en distintos géneros musicales. En el caso del autor de esta canción, habrá que preguntarle luego a él, pero es difícil no oír los ecos de Silvio, Pablo y los demás en sus letras. Volviendo a esa estrofa, aparece el Che como ese poeta que pudiendo quedarse en las letras pone su cuerpo a una causa mayor para dejar una idea mucho más cabal de lo que es en verdad el amor al prójimo. Pero además de la referencia directa a un líder de la revolución cubana, la canción toda está atravesada por este imaginario del músico que es poeta, que va y vuelve del amor sin entenderlo del todo (“en el afán de aprender He revocado tratados Y mal tratado manuales De cómo quererte….”), y sin por eso alejarse del mundo y de lo que está pasando; que se preocupa por el valor de la palabra y siente el compromiso de decir y decir lo justo y a tiempo: “Pero que poco se piensa Sobre lo que hay que sentir Y yo lo siento Y lo pienso decir.” Éste es, creo yo, el amor por la palabra del que hablaba Silvio Rodríguez.

Una de las ideas detrás de este espacio de Letra y música en el Mayo de las Letras, era recuperar la poesía ‘encancionada’ que se escribe y se canta aquí, en Tucumán donde priman, sobre todo, el folclore y el rock. A mí me parecía interesante traer hoy aquí otro tipo de canción que también vive en los bares, las salas y los encuentros entre amigos y guitarras en nuestra provincia. Y que, además, en mi humilde opinión teñida de muchas subjetividades, porque además de haber estudiado literatura cultivo el género de la canción de autor, tiene un gran valor literario. Me parece que Sabiduría es un buen ejemplo de una lírica sencilla sin pretensiones pero muy profunda. Y es una prueba, otra más, de que lo popular (la música, la poesía) no implica de ninguna manera un arte menor. Con clave de candombe en 3×2 que sirve de base a esta canción, y que pronto van a escuchar, nos acercamos a lo rioplatense, con imágenes que van de una esquina cualquiera de ésta o cualquier ciudad, pasando por las grandes preguntas sobre la palabra, el amor, la vida. Quizá la sabiduría se parezca a decir que las verdades, para serlo, tienen que pasarnos por el cuerpo, dejarse cantar y seguir preguntándose, siempre, lo que falta por saber.-“

ANA JEGER